"Prefiero morir de pie que vivir de rodillas", presentaciones teatrales, Universidad de Chile.
presentaciones teatrales.
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EN LAS CIMAS DE LA DESESPERACIÓN.



¿Qué importancia puede tener que yo me atormente, que sufra o que piense? Mi presencia en el mundo no hará más que perturbar, muy a mi pesar, algunas existencias tranquilas y turbar -más aún a mi pesar- la dulce inconsciencia de algunas otras. A pesar de que siento que mi propia tragedia es la más grave de la historia -más grave aún que la caída de los imperios o cualquier derrumbammiento en el fondo de una mina-, poseo el sentimiento implícito de mi nimiedad y mi insignificancia. Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real. Más aún: si debiera escoger entre la existencia del mundo y la mía propia, eliminaría sin dudarlo la primera con todas sus luces y sus leyes para planear totalmente solo en la nada. A pesar de que la vida me resulta un suplicio, no puedo renunciar a ella, dado que no creo en lo absoluto de los valores por los que debería sacrificarme. Si he de ser sincero, debo decir que no sé por qué vivo, ni por qué no dejo de vivir. La clave se halla, probablemente, en la irracionalidad de la vida, la cual hace que ésta perdure sin razón. ¿Y si sólo hubiera razones absurdas de vivir? El mundo no merece que alguien se sacrifique por una idea o una creencia. ¿Somos nosotros más felices hoy porque otros se sacrificaron por nuestro bien? Pero, ¿qué bien? Si alguien realmente se ha sacrificado para que yo sea hoy más feliz, soy en realidad aún más desgraciado que él, pues no deseo construir mi existencia sobre un cementerio. Hay momentos en los que me siento responsable de toda la miseria de la historia, en los que no comprendo por qué algunas personas han derramado su sangre por nosotros. La ironía suprema sería darse cuenta de que ellos fueron más felices que nosotros lo somos hoy. ¡Maldita sea la historia!
Nada debería interesarme ya; hasta el problema de la muerte debería parecerme ridículo; ¿el sufrimiento?-estéril y limitado; ¿el entusiasmo? -impuro; ¿la vida? -racional; ¿la dialéctica de la vida?
-lógica y no demoníaca; ¿la desesperación? -menor y parcial; ¿la eternidad? -una palabra vacía; ¿la experiencia de la nada? -una ilusión; ¿la fatalidad? -una broma… Si lo pensamos seriamente, ¿para qué sirve todo ello en realidad? ¿Para qué interrogarse, para qué intentar aclarar o aceptar sombras? ¿No valdría más que yo enterrase mis lágrimas en la arena a la orilla del mar, en una soledad absoluta? El problema es que nunca he llorado, pues mis lágrimas se han trasformado en pensamientos tan amargos como ellas.

Luego de vaciar la última lata de cerveza, me vi obligado a evitar el vacío que surgía entre las risotadas de los amigos…
El anonimato que da la ciudad siempre será el mejor escondite para las acciones más bajas, y en esta ciudad indiferente que nos desangra a diario es aún más fácil…

Caer en sus brazos, ahora que faltan los tuyos… ahora que la distancia pinta de colores vivos cada momento que compartimos, cada circunstancia en la que nos vimos envueltos, cada palabra que nunca nos atrevimos a decir…

Echarse a andar por la ciudad es fácil… escupir asco a las vitrinas y a los bancos, al capitalismo insolente que liquida mierda mientras la gente se caga de frio por las noches, a la intemperie .. a los oficinistas apresurados que caminan raudos, descargando su frustración en leves topones con el resto de la masa inerte que transita por Ahumada… Estado… Bandera… da igual… esto parece un carrusel del que es imposible bajarse…

Hubieron mejores días… no era necesario refugiarse en los antros más horrendos con gente de dudosa procedencia… no era necesario caer en los brazos de las ninfas borrachas tan seguidamente… no era necesario nada de esto, pero tampoco era necesario lo nuestro… ahora que lo pienso, sentado junto a viejitos que alimentan a las palomas y ven la muerte tras sus últimos días.

Levantarse, andar sin rumbo… años atrás esta ciudad tenía más colores… o mis ojos tenían más colores ante tu prisma… da igual… los periódicos siguen anunciando la misma mierda de siempre y el carrusel sigue andando, rutilante pero seguro en su inseguridad.

Los días se suceden, nada cambia, nada aparte de que ya no estás acá… en serio, podría contar las veces que juré verte doblar una esquina, tomar locomoción o perderte entre el estruendo de bocinazos y muchedumbre…

da igual, lo cierto es que nada puede sacarte de mi cabeza;a tí, Galatea, que poco a poco te fuiste volviendo la estatua inerte que siempre fuiste.”

Te daré las gracias, sonreiré bajo lo alto y caminaré intentando no tomar tu mano. Si, vengo a ser sincero, no te amo, hace tiempo que ya no te amo, pero -siempre con los peros- no dejaré jamás de apreciarte, de aclamarte, hasta de desearte.